¿EL MEJOR CONSEJO PARA ESCRIBIR? CONSÍGUETE UN PERRO

Alice Hoffman abraza a su terrier tibetano, Violet.Credit…Tony Luong para The New York Times
Autores superventas y galardonados nos explicaron por qué tener un perro es importante para su escritura.
Por Alexandra Alter
NEW YORK/29/03/2026.- Alice Hoffman, como muchos escritores, lleva una vida solitaria. Sin embargo, rara vez se ha sentido sola. Eso se debe a que, a lo largo de su carrera, casi siempre ha tenido un perro a su lado.
“Estás completamente sola, pero no estás sola”, dijo sobre escribir en presencia de un perro.
El primer amor canino de su vida fue Houdini, un pastor alemán que fue la inspiración para varios pastores alemanes de la ficción de Hoffman. Houdini era tan listo que se paseaba sin correa por Nueva York, incluso en el autobús, en restaurantes y en el teatro.
“Es más difícil escribir un personaje canino que un personaje humano”, dijo Hoffman. “Son una especie de misterio”.
Cuando le pidieron a Hoffman que editara El mejor perro del mundo, una colección de ensayos de destacados escritores sobre sus perros, no lo dudó. Las escritoras con las que se puso en contacto —entre ellas Bonnie Garmus, Jodi Picoult, Elizabeth Strout y Emily Henry— mostraron el mismo entusiasmo.
Mientras Hoffman trabajaba en la colección, su querida perra Shelby, una pastora polaca de las llanuras, murió de vieja. Se unió a un grupo de duelo y, en un movimiento precipitado pero predecible, se consiguió una cachorra, una bulliciosa terrier tibetana llamada Violet.
A diferencia de sus perros anteriores, que le eran profundamente leales y la preferían a ella, Violet quiere absolutamente a todo el mundo. Hace poco, en el parque, saltó a los brazos de un desconocido.
“Está tan enfocada en la gente y tan llena de alegría”, dijo Hoffman.
A continuación, otros cuatro autores explican por qué un perro es el mejor amigo de un escritor.
Perla and Fabio (Isabel Allende)
Si lees un libro de Isabel Allende, es probable que te encuentres con un perro.
En su debut, La casa de los espíritus, aparece un mítico gran danés llamado Barrabás. Mientras escribía su espeluznante novela negra El juego de Ripper, Allende se dio cuenta de que tenía que elegir entre matar al héroe o a su perro, Atila (espóiler: el perro sobrevivió). Incluso ha escrito tres libros infantiles ilustrados sobre uno de sus propios perros.
“Hay perros en todas mis novelas”, dijo. “Perros y más perros, ¡siempre perros!”.
Allende vive en el norte de California con Perla, una perra mestiza de 10 años, y Fabio, un perro de nueve meses que es una mezcla con bastante de caniche. Perla sigue a Allende a todas partes, y Fabio sigue a Perla, “así que nunca estoy sola”, dijo Allende.
“Escribo en casa con ellos en la habitación. Si me levanto por un vaso de agua o para ir al baño, me siguen. A menudo, les pregunto algo sobre lo que estoy escribiendo. No hablo sola, ellos me escuchan y me entienden”, dijo. “Nos comunicamos telepáticamente”.
Allende heredó en parte su amor por los perros de su madre, quien creía que los niños necesitaban tener contacto con los animales para prosperar.
“Los perros me enseñaron desde muy pequeña a ver el mundo a través del corazón, las emociones, las relaciones, la intuición, el instinto”, dijo Allende. “Soy mucho mejor persona cuando hay un perro cerca”.
Eddie (Ann Leary)
A la novelista Ann Leary siempre le han encantado los perros, hasta el punto de rozar la obsesión. “Soy una loca de los perros”, dijo.
La excepción era Eddie.
De todos los perros que Leary ha tenido a lo largo de los años, Eddie, un “chiflado hiperactivo” ansioso y revoltoso, es el único al que le costó querer.
“No me gustaba nada”, dijo Leary. “Era muy problemático”.
Eddie tenía alrededor de un año cuando Leary le dio un hogar, y era tan salvaje y asustadizo que pensó que podría tener algo de coyote. Cuando le hicieron pruebas de ADN, los resultados fueron de un 50 por ciento de perro ganadero australiano, con algo de husky, pit bull y chihuahua. Nada de coyote.
Eddie tiene ahora casi 11 años. Le sigue teniendo miedo a la gente, a los niños, a las bicicletas, a las sirenas y a otros perros. También es inquietantemente observador. Ha memorizado las canciones de los comerciales en los que aparecen animales y corre a la habitación cuando las oye, y luego ataca el televisor cuando aparecen los animales. Sabe cuándo Leary está buscando sus llaves o su teléfono, y corretea por la casa para encontrarlos.
Su relación cambió durante un juego de buscar la pelota, cuando Leary se dio cuenta de que Eddie estaba más interesado en ella que en la pelota. Aprendió a canalizar su concentración intensa y le enseñó a hacer trucos elaborados, como girar, saltar y zigzaguear alrededor de sus piernas como si bailaran.
Ahora está casi siempre a su lado. Se tumba en la cama junto a ella cuando escribe. Y si Eddie cree que Leary ya trabajó lo suficiente, cierra la computadora con la pata.
“Antes me enfadaba, pero ahora me doy cuenta de que es bueno para mí”, dijo sobre las interrupciones de Eddie. “Es casi como si fuera un perro de servicio que no pedí”.
Con el tiempo, Leary se dio cuenta de que Eddie y ella comparten algunos rasgos esenciales. “Quizá por eso no me caía bien al principio”, dijo. “Me preguntaba: ¿Por qué es tan difícil, miedoso, ansioso y obsesivo? Todas las cosas con las que yo lucho”.
Bobo, el Yorkshire terrier de 13 años y casi dos kilos de Amy Tan, estornuda cuando quiere llamar la atención, o sea siempre.
“Es el perro más egocéntrico que he tenido”, dijo Tan. “Es muy narcisista. Todo gira en torno a él”.
Tan, una obsesiva de los perros que tiene predilección por los yorkies, ha escrito y hablado a lo largo de los años sobre sus compañeros caninos, que la han acompañado en giras de libros y lecturas. (En una ocasión, cuando Tan daba una charla TED sobre creatividad, uno de sus Yorkies salió de una bolsa que estaba en el escenario justo después de que Tan dijera que la musa creativa puede adoptar formas sorprendentes).
Bobo no es una gran musa, pero se ha metido a la fuerza en la vida de escritora de Tan: le gusta estar cerca cuando Tan está trabajando en el comedor o en su cama.
“Siempre está a mi lado”, dijo ella.
Bobo también tiene opiniones firmes sobre los libros, y realiza un truco que implica una exhibición de su gusto literario. Tan le pide a Bobo que elija un libro, y le da a elegir entre su novela El Club de la Buena Estrella y un libro de no ficción, Genios: Los perros son más inteligentes de lo que pensamos. Sin falta, Bobo elige este último, lo olfatea y le da golpecitos con la pata.
F/ The New York Times
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