NAVIDAD: NO BASTAN REMESAS

Por Antero Flores-Araoz*
En varias ocasiones hemos escrito sobre la Navidad, en especial recordando que es una festividad religiosa en que se conmemora para los cristianos, en sus diferentes cultos, el nacimiento de Jesús, como integrante de la Santísima Trinidad y que no se trata de temática mundana, sino de imprescindible fe.
También hemos reflexionado sobre que no se debe sustituir ni ocultar la festividad religiosa por el mercantilismo y que el actor central de la festividad es Jesús, al lado de María y de José, y no Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como se quiera llamarlo, como tampoco el intercambio de regalos ni menos el trineo de Papá Noel, que llega a cada árbol de Navidad, a dejar algunos obsequios. Insisto, el centro es Jesús en el pesebre y en su humilde pobreza.
Igualmente hemos recordado que la Navidad o Natividad del Señor, es época más que adecuada, para contribuir con algo de lo que tenemos, con quienes carecen de recursos, siquiera para la cena navideña. La generosidad debe desarrollarse principalmente en la Navidad, en que hay niños que esperan un pequeñísimo regalito, pero sus padres tienen infinidad de carencias que les impiden hacerlo.
Siendo festividad religiosa, también es oportunidad para la oración, en que expresemos nuestra gratitud por estar presentes en otra Navidad y, con el ruego de que se sigan repitiendo en mejores condiciones.
De lo que poco o nada se ha dicho es de los peruanos que migraron al exterior en búsqueda de mejores oportunidades laborales y de vida, y cuyos padres, hermanos, abuelos y demás parentela quedaron en el Perú, a quienes periódicamente o de vez en cuando, les envían las famosas remesas, esto es dinero contante y sonante, para que puedan solventar parte o todas sus necesidades financieras, para sostenimiento, alimentación, alojamiento, salud y tantas otras necesidades que tienen que ser conseguidas con dinero.
Empero, no bastan las remesas, por más que sean necesarias y muchas veces imprescindibles. El dinero no compra cariño, amor, consideración y respeto. A las remesas hay que agregarles afecto, recuerdo, el saludo cariñoso, la llamada oportuna en Navidad, la emotividad de ese momento en que nuevamente se junta la familia aunque sea con un saludo telefónico, algo que demuestre que no hay olvido, que siempre se les tiene presente y que por más distancia física que pudiese existir, no la hay en afecto y consideración, en lo que siempre se tiene que estar al día.
No olviden los que dejaron suelo patrio, en que quedaron padres y abuelos, que ellos más que remesas, necesarias por cierto, esperan el recuerdo y el amor, del que tienen añoranzas e incluso esperanza de que la familia se vuelva a unir.
Los que tenemos la dicha de estar unidos en el propio terruño, muchas veces no valoramos la dicha que ello significa, por lo que bien pudiésemos por lo menos saludar a quienes carecen de ésa bendición, y que se alegrarían con una palabra amable o un abrazo fraterno. Cristiandad es hermandad, no lo olvidemos y el compartir hasta una obligación moral.
**Eminente Jurisconsulto , y político peruano, escritor, analista político. Ex Congresista, Ex constituyente.




