El Museo de las Relaciones Rotas: Cuando el desamor se convierte en atractivo turístico

Panorámica de la ciudad de Dallas , Texas donde el presidente John Kennedy fue asesinada
¿Les parece extraño que el fin de una historia de amor pueda mover masas? La investigación turística nos demuestra que el patrimonio emotivo, el morbo y los rituales humanos son imanes muy cotizados
Por: Elena Tejera
No hay duda: desde niñas nos enseñaron que «el saber no ocupa lugar», y lo comprobamos día a día a través del curso de Metodología de la Investigación en Turismo y Hotelería. Investigación cualitativa, enfoque teórico, métodos y técnicas… ¿Les parece largo el título? Pues no es nada comparado con todo lo que se aprende en el camino.
Precisamente en la primera clase de este módulo, la profesora a cargo, la Mg. Ana Alemán, nos comentó acerca del «Museo de las Relaciones Fallidas» en Zagreb, Croacia. Tocó el tema de forma muy tangencial porque no era parte de la sesión; no obstante, se nos iluminó el cerebro y pensamos inmediatamente: «Vamos a investigar a fondo esto para comentarlo con nuestros lectores».
Del dolor personal al patrimonio colectivo
El Museo de las Relaciones Rotas o Fallidas (Museum of Broken Relationships) fue ideado por la artista Olinka Vištica y su exnovio, el diseñador Dražen Grubišić. Cuando su relación terminó, se dieron cuenta de que no sabían qué hacer con los objetos que tenían en común y que les recordaban su amor. Así se les ocurrió fundar una institución donde los exnovios, exesposos y amantes pudieran dejar aquellos objetos especialmente queridos o, incluso, odiados.
La idea se consolidó a partir de una exposición itinerante de piezas que representan relaciones que se desea dejar atrás. Es allí donde entra el turismo: todo lo que involucra sentimientos genera reacciones y emociones de acuerdo con el continente o país al cual se pertenezca. Ciertamente, debe ser muy interesante ver los recuerdos de los pueblos sajones, de los asiáticos en el Lejano Oriente y, por supuesto, de los latinos, que somos capaces de «abrirnos las venas» por amor —como bien lo cantan sus compositores—.
Cada cultura tiene su peculiar manera de sentir

El Puente del Alma parisino, donde Diana de Gales falleció 29 años antes, se ha convertido en una posición de viaje, mediante la cual los mensajes, las fotografías y las floraciones registran las partes restantes, como se ha dicho, «excepcionales».
Lejos de alentar la tristeza, la exposición da la oportunidad a las personas de contar su historia e iniciar una etapa fresca y vital a través de un acto creativo de desapego: donar sus objetos a la colección. Sea por simple exhibicionismo, alivio del ánimo o curiosidad, las personas han acogido la idea de exhibir su antiguo amor como un legado, un ritual o una ceremonia solemne. Nuestra sociedad cuenta con ritos para conmemorar el nacimiento, el matrimonio, los funerales y las graduaciones; pero no había un reconocimiento formal para el final de una relación, a pesar de su gran impacto emocional. Como escribió Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso: «Cada pasión, finalmente, tiene su espectador… (No hay) oblación amorosa sin un teatro final».
El morbo, la tragedia y los imanes turísticos
Este museo ha recorrido el mundo y, en su paso por cada destino, se ha enriquecido con el sabor y la textura de la cultura local, compartiendo sentimientos universales de personas con el corazón roto deseosas de dejar un testimonio de su biografía para poder seguir adelante.
Todo hecho ocurrido a personajes trascendentes en el ámbito internacional, sea de alegría o de tragedia, se convierte automáticamente en una atracción turística. Tenemos como ejemplo el Pont de l’Alma en París, cerca del lugar donde se estrelló el coche y murió la admirada Diana de Gales. Así mismo, Dallas (Texas) se hizo mundialmente famosa en segundos porque fue allí donde asesinaron al presidente John F. Kennedy, y hoy los turistas llegan en masa dejando recuerdos dignos de ser exhibidos.
Ocurre lo mismo con los puentes del amor colmados de candados, donde las parejas sellan su promesa y tiran la llave al agua; algunos muy famosos son el Pont des Arts sobre el río Sena en París o el puente de Brooklyn en Nueva York. Todos ellos, por el peso de su historia, se transforman en cotizados atractivos turísticos.

Una mujer cuyo padre murió el 11 de septiembre deposita flores en el Museo y Memorial Nacional 11-S, durante la ceremonia de conmemoración del 25 aniversario de los ataques terroristas al World Trade Center, en Nueva York. Foto: AFP
¿Qué pasaría si este museo llega al Perú?
Hay muchos sucesos que le harán recordar un momento de alguna de sus relaciones; no deje de visitar esta exposición si se la encuentra en alguno de sus viajes. Al ser un museo itinerante que se enriquece en cada país, no se imaginan los pequeños grandes recuerdos que alberga: naturalmente, no puede faltar el clásico mechón de hermosos cabellos…
Nos imaginamos que cuando llegue al Perú —si alguna vez llega— no habrá espacio suficiente para los recuerdos de tantas relaciones rotas. Los objetos expuestos representan un patrimonio emotivo: desde cosas extrañas y únicas hasta las más extraordinarias, acompañadas de frases o historias enteras; algunas sentimentales, otras curiosas o graciosas, y alguna que otra llena de amargura o rabia. Uno de los objetos más antiguos, ya símbolo del museo, es un osito de fieltro con la inscripción «Te amo», acompañado de un revelador y crudo comentario: «¡Qué mentira! ¡Mentiras, malditas mentiras…!».
Cerramos esta reflexión evocando lo que escribió Octavio Paz: «El arte de amar ¿Es arte de morir? Amar. Es morir y revivir y remorir». Finalmente, mientras el planeta gire, existirán tantas historias de amor como motivaciones de viaje existan en el mundo.
*Directora – Máster en Turismo y Comunicación
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