¿Un Planeta Joven o una Tierra que Protesta?

El grito sutil de una casa cansada nos obliga a apagar por un instante las noticias ruidosas de la televisión para escuchar los latidos reales del gran hogar que habitamos. Una mirada profunda al despertar de la conciencia turística frente a una geografía en constante cambio.
Por: Elena Tejera*
Hay momentos en que la actualidad nos obliga a apagar por un instante las noticias ruidosas de la televisión para escuchar los latidos reales de la gran casa que habitamos. Últimamente, cuando miramos los reportes de terremotos y desbordes en Asia, en el Caribe, o incendios forestales, Ciclones, etc. no podemos evitar tener una sensación muy subjetiva, pero cargada de una honestidad profunda: nos da la clara impresión de que nuestro planeta está protestando. La Tierra parece estar manifestando su cansancio ante nuestra sistemática indiferencia y el egoísmo diario con el que la tratamos.
A menudo pensamos que la naturaleza es una vitrina estática que siempre estará ahí para nuestro disfrute, pero no es así. Para entender que el planeta es un organismo vivo que respira y reacciona, solo hace falta mirar un poco hacia atrás, a los días grises del confinamiento por el COVID-19. En medio del dolor de la pandemia, ocurrió un fenómeno hermoso que todos presenciamos desde nuestras ventanas: ante la suspensión total de los vuelos comerciales y el freno de la actividad humana, el gran ganador fue el MEDIO AMBIENTE ( lo comentamos hace 4 años). Los cielos de las grandes ciudades volvieron a ser celestes, los animales ocuparon espacios urbanos y el aire se purificó en cuestión de semanas. La Tierra nos demostró que, al darle un pequeño respiro, tiene una capacidad de recuperación asombrosa. Pero volvimos a la normalidad y, lamentablemente, recuperamos también la indiferencia.
La Fabula de la Atlántida en los mapas de hoy
Ese breve respiro nos dejó una lección que hoy cobra más urgencia que nunca. Desde que éramos niños, hemos escuchado la mítica historia de la Atlántida, aquella majestuosa civilización que, según los relatos antiguos, desapareció de la noche a la mañana tragada por el océano debido a la soberbia humana. Hoy, esa mística ya no es exclusividad de los libros de leyendas; es una posibilidad real que rediseña nuestra geografía frente a nuestros ojos.
La naturaleza está reclamando sus espacios a la fuerza. Mientras la ciencia reporta el nacimiento de nuevos volcanes en el fondo del mar capaces de crear islas en semanas, el planeta se está moviendo, sacudiéndose de encima nuestra desidia, y nos advierte que las fronteras de nuestros mapas no son eternas.
El misterio de la isla verde flotante: Aparecer y desaparecer
Esta actividad contemporánea quedó demostrada en un suceso que llamó la atención de la prensa internacional: el misterio de la «islita que apareció y desapareció en poco tiempo». El mundo entero contempló estupefacto las imágenes satelitales de una hermosa isla verde, densamente cubierta de árboles y vegetación, que apareció flotando en medio del agua como si siempre hubiera estado allí. Desafiando toda lógica cartográfica, pocos días después, el islote se desvaneció sin dejar rastro de su ubicación original, movido por corrientes invisibles ¿…? Realmente sorprendente…
Esta inestabilidad geográfica, sumada al aumento global del nivel del mar provocado por el calentamiento global, amenaza hoy con borrar por completo pequeños paraísos e islas del Caribe y el Pacífico, desapareciéndolos para siempre del mapa turístico mundial.
El turismo del futuro nace del respeto
Mientras el planeta gire, quienes trabajamos en el maravilloso mundo de los viajes y la pedagogía turística tenemos la obligación moral de cambiar el rumbo. Ya no se trata de vender un destino como un recurso inagotable para el consumo rápido; el turismo del futuro, enfocado en el marketing de experiencias reales, debe ser un agente de conservación, respeto y conexión sincera con la comunidad y su entorno.
Contemplar al despertar diario la luz del sol, las nubes blancas de formas increíbles y aborregadas, y el cielo azul, nos obliga a recordar que no somos los dueños del mundo, sino simples inquilinos temporales. El saber no ocupa lugar, lo repetimos simpre y la lección de hoy nos toca directamente el corazón: si no aprendemos a escuchar el clamor de la naturaleza y a frenar la indiferencia, corremos el riesgo de repetir, en medio de nuestra era de alta tecnología, la trágica, silenciosa y definitiva historia de la Atlántida. Aprendamos del respiro que nos dio el ayer para salvar el destino del mañana.
* Directora – Máster en Turismo y Comunicación
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