«Sin vocación previsora»

Autoridades regionales y municipales ante el fenómeno de El Niño
Por Antero Flores Araoz*
Desde hace considerable tiempo, el mundo soporta los avatares del cambio climático y, como si ello no fuese poco en cuanto a peligro, la situación se agrava con el anuncio de un nuevo fenómeno de El Niño, con una fuerza destructiva nunca antes vista, que no se concentra solo en nuestro país, sino que abarca a muchos otros.
Además del anunciado Fenómeno del Niño, que se sabe que viene y cuando, hay anuncios de movimientos sísmicos, con estudios que dan por resultado el conocimiento que vendrá con inusitada fuerza destructora, aunque no se conoce el cuándo.
Con todos los estudios científicos que se han realizado y todos los anuncios que hemos recibido, se supone que nuestros connacionales y las autoridades municipales, regionales y nacionales han hecho su tarea preventiva, para que los desastres se puedan minimizar, pero lamentablemente ni los ciudadanos particulares ni nuestras autoridades han hecho lo debido.
En los gobiernos que en los últimos diez años precedieron al actual, pudimos observar inmovilismo casi total, nadie hacía absolutamente nada para prevenir los desastres, como tampoco para reducir sus daños.
Por ejemplo, en Piura y Tumbes hace muchísimos años conocemos los gravísimos efectos del Fenómeno del Niño y, vemos en los medios de expresión que se hacen obras de descolmatación en sus principales ríos, pero el efecto es como que no se hicieron, pues los desbordes de los ríos y las inundaciones, son cosa de todos los días y casi a diario tenemos empantanamientos, inundaciones y daños terroríficos, pero siguen de año en año pues las obras de descolmatación no se hacen debidamente o su ejecución defectuosa causa más daños que soluciones.
Hasta ahora tampoco se hacen las obras para que las inundaciones puedan tener salida hacia el Océano Pacífico y mucho menos el drenaje pluvial que advertía José Linares Gallo en su columna dominical. Lo señalado se repite en montones de otras latitudes, inclusive después de haberse desalojado a quienes hacían construcciones irregulares en el cauce de los ríos secos, cuando venían los huaycos arrasaban con todo, pese a lo cual se volvía a construir con irresponsabilidad manifiesta.
Una de las pocas excepciones fue el cauce del Huaycoloro, en que por decisión y acción privada (Petramas), se mudaron las edificaciones irregulares, lo que debería repetirse en muchísimos más cauces.
Las autoridades regionales y municipales, ante los peligros expuestos, se llenan la boca diciendo que han pedido recursos al gobierno nacional, olvidando que tienen asignados gastos presupuestales para muchas obras preventivas. Pero les es más fácil que hacer las obras, alzar su voz a cuanto santo encuentran en nuestro santoral para ello, aunque con olvido también que ya los milagros son bastante escasos.
En conclusión, podríamos decir, que somos esquivos a la planificación al igual que a la ejecución de obras, lo que es necesario, diría que imprescindible, pero más aún participar en los simulacros, ubicar los puntos de concentración al igual que la vía de huida y contar con las mochilas salvadora.
Ojalá estas reflexiones no sean solo letra muerta y se haga lo debido, pues mañana será demasiado tarde. Y los gravísimos accidentes que se produzcan, quedarán sin posibilidad de ser superados.
*Prestigioso Abogado y político peruano. Escritor y analista político, Ex ministro del interior, Ex Senador, Ex congresista.
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