Más allá de la postal: Mafias, trabas y el colapso del turismo de aventura
Una bofetada de realidad en nuestra propia mesa
Quiero comenzar este lunes comentándoles que esta semana mi corazón ha estado dividido entre la alegría familiar y una profunda reflexión profesional. Tuvimos la dicha de recibir a nuestro hermano y a su hermosa familia aquí en Ica. Sin embargo, después de apenas un día de permanencia, parte de ellos —los jóvenes— decidieron adelantar su regreso a Lima. ¿La razón? Nuestra hermosa región les quedó corta y, admitámoslo con dolor, un poco aburrida.
Ellos venían buscando adrenalina, contacto con la naturaleza y deportes de aventura. Querían, entre otras cosas, cumplir el sueño de volar sobre las enigmáticas Líneas de Nasca, pero se toparon con una barrera inesperada: restricciones de estatura y peso en las aeronaves disponibles que les impidieron abordar. Realmente es algo imposible de creer. ¿Con qué tipo de aeronaves se está realizando este servicio en pleno siglo XXI? Resulta indignante que si un viajero no tiene la estatura promedio o un peso estándar —como les ocurrió a nuestros familiares, ciudadanos neozelandeses—, simplemente no puedan realizar un vuelo tan promocionado y ansiado en el ámbito mundial.
Un sistema en crisis: De las mafias a los puertos cerrados
Lamentablemente, las trabas no terminan en el desierto. Los grandes íconos turísticos del Perú hoy sufren crisis profundas. A Machu Picchu tampoco pudieron acceder debido a la mafia existente en la venta presencial de boletos en ventanilla. Por otro lado, Paracas se muestra insegura, no solamente por la violencia urbana, sino además por los embates del cambio climático que dificultan la navegación; esto obliga a las autoridades a cerrar el puerto en cualquier momento si las condiciones del clima no permiten hacer el recorrido a las Islas Ballestas y alrededores, dejando a los turistas varados y sin alternativas de entretenimiento.
Como Directora de Turista Magazine, pero sobre todo como apasionada de nuestra tierra, esto nos dio una bofetada de realidad. Los millennials y las nuevas generaciones no viajan para contemplar el patrimonio a través de la ventana de un bus formal o una vitrina de museo; viajan para vivirlo, sudarlo y desafiarlo. Y hoy, nuestro turismo tradicional no les está dando la talla.
La trampa de la informalidad en las dunas
Un ejemplo palpable de esta crisis es el uso de los vehículos tubulares en la Huacachina, estos transportes ya han ocasionado accidentes trágicos donde los pasajeros, incluidos turistas extranjeros, sufrieron mutilaciones o la muerte al volcarse las unidades. Estos operadores no brindan ninguna seguridad, pues carecen de SOAT, revisión técnica y placas de rodaje. Además, los populares vehículos «hechizos» —la gran mayoría de los cerca de 300 o 400 tubulares que circulan— son armados de manera precaria con piezas de otros carros en talleres clandestinos y no cuentan con ninguna certificación de fábrica. ¡Una bomba de tiempo para el visitante!
El nuevo chip del viajero: Historias, no solo destinos
Los tiempos cambiaron de forma radical. El viajero actual no busca un hotel de cinco estrellas para quedarse encerrado; busca experiencias auténticas que generen historias para contar (y para compartir en sus redes sociales). Buscan inmersión. Quieren deslizarse por las dunas más altas a toda velocidad, navegar nuestras costas en kayak y sentir los vientos paracas en el rostro.
Cuando la infraestructura y las normativas locales fallan en ofrecer soluciones inclusivas y modernas —como aeronaves adaptadas para todo tipo de biotipos en Nasca o rutas de aventura mejor señalizadas e integradas en Ica—, lo que hacemos es empujar al nuevo turismo hacia la salida.
Y lo que es peor: abrimos la puerta a la peligrosa informalidad. No podemos hablar de potenciar la adrenalina si no garantizamos la vida de los viajeros. La reciente y trágica muerte de un joven en un paseo en tubular en nuestras dunas ha encendido las alarmas, provocando incluso que se evalúe la prohibición total de estas actividades. ¡Esa no es la solución! Prohibir es el camino fácil ante la incapacidad de fiscalizar. Lo que Ica necesita urgentemente es regulación estricta, empresas certificadas y seguridad real. El turismo de aventura debe generar memorias inolvidables, jamás tragedias familiares.
El patrimonio tiene que moverse
Celebrar 17 años de trayectoria con mas de 9,000 visitas este mes en nuestra revista nos demuestra que el mundo tiene los ojos puestos en el Perú. Pero el contenido de valor también nos obliga a ser autocríticos. El patrimonio cultural y natural no es estático; vive y se financia gracias a las experiencias de quienes lo caminan.
La riqueza andina y el misticismo del desierto son eternos, pero nuestras estrategias comerciales y de servicios turísticos tienen que dejar de ser tan rígidas. Necesitamos un turismo más ágil, más tecnológico y con muchas más opciones de aventura.
Mientras despedimos a nuestro hermano y familia esta semana y nos preparamos para nuestra reunión de confraternidad por Fiestas Patrias en el Rotary, nos queda un compromiso renovado: usar esta tribuna para impulsar un turismo sin límites, inclusivo y verdaderamente emocionante. La próxima vez que un viajero llegue a Ica, no debe faltarle tiempo para la aventura; debe faltarle aliento de tanta emoción.
¿Y tú, te atreves a romper el mapa tradicional con nosotros? ¡La aventura apenas comienza!
Elena Tejera
Directora,
Master en Turismo y Comunicación





