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La lengua dulce: cómo los Andes ecuatorianos originaron un idioma propio

El mercado de San Roque en Quito, la capital de Ecuador, es un punto de encuentro clave entre el kichwa y el español. Estas lenguas llevan mucho tiempo entrelazándose a través de los intercambios en los mercados y las plazas públicas de la ciudad.

Por. José María León Cabrera Visuals  by Johanna Alarcón*

Ecuador/19/06/2026.-En la Sierra ecuatoriana, una mezcla de kichwa y español da lugar a una lengua que desafía las reglas gramaticales del español, añade melodía y pasa desapercibida para muchos de sus hablantes.

En una pequeña cafetería de Quito, la capital de Ecuador, una mujer removía su té con los ojos hinchados de tanto llorar. Frente a ella, un hombre sollozaba en silencio. Me senté en una mesa cercana, tan cerca que era imposible no escuchar su conversación.

Ella lo tomó de las manos y le preguntó en voz baja, en español: “¿Qué quieres hacer?”.

Él la miró a los ojos y dijo: “Wawita, solo vamos a changarnos”.

La frase, traducida de forma aproximada, significa: “Cariño, solo vamos a abrazarnos con las piernas”. Pero la mayoría de los hispanohablantes —incluso muchos ecuatorianos— no la entenderían del todo. Para los traductores sería un acertijo, por no decir una pesadilla.

La frase fue dicha en el español característico de la región andina de Ecuador, una lengua entremezclada con el kichwa, un idioma indígena que se habla desde que los incas se asentaron en las laderas del volcán Pichincha, 60 años antes de que llegaran los conquistadores en 1534.

Hace años me mudé a Quito desde Guayaquil, en la costa del Pacífico ecuatoriano, y comencé a recopilar fragmentos de conversaciones que escuchaba por casualidad, en fiestas, cenas o en oficinas, fascinado por esta forma particular del español.

En kichwa, “changa” significa “pierna”. Y en esta lengua híbrida, indígena y española, “changar” significa entrelazar las piernas con las de otra persona: un acto de intimidad que comparten amantes, hermanos, padres o amigos cercanos. No es algo que se haría con alguien con quien se tiene una mala relación.

El kichwa es el idioma indígena más extendido de Ecuador; según datos oficiales, lo hablan aproximadamente medio millón de los 18 millones de habitantes que tiene el país. Forma parte de la misma familia lingüística que el quechua, el cual se habla en otras partes de Sudamérica.

Durante la época colonial y los años posteriores a la independencia, a principios del siglo XIX, se desarrolló en Ecuador un español repleto de palabras kichwa como lengua de uso cotidiano.

“El capataz le hablaba a los peones en kichwa y español”, explicó Gonzalo Ortiz, historiador y miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. “Las ‘wasikamas’ —las niñeras indígenas que criaban a los niños de los señores feudales— también. Así nació este idioma”.

Hace años me mudé a Quito desde Guayaquil, en la costa del Pacífico ecuatoriano, y comencé a recopilar fragmentos de conversaciones que escuchaba por casualidad, en fiestas, cenas o en oficinas, fascinado por esta forma particular del español.

Cinco siglos después, esa misma lengua —evolucionada, pero aún arraigada en dicha fusión— se hablaba en la mesa de dos enamorados, y suavizaba las secuelas de una pelea.

Una gramática propia

“El kichwa es una lengua muy amable, muy dulce”, dijo Silvana Cárate, lingüista de la Universidad de York, en Inglaterra. “De hecho, le dicen ‘Mishki Shimi’: lengua dulce”.

Esta forma única del español es melódica y suave, y recurre a los diminutivos “-ito” e “-ita”, ambos heredados directamente del kichwa, para transmitir ternura y cortesía.

También altera la gramática mediante lo que los académicos llaman “préstamo de traducción”. “Es copiar la estructura gramatical de una lengua y transponerla en otra”, explicó Cárate.

“Ven aquí, te voy a dar una mucha”, dijo Daniel Pérez a María José Mecías en un restaurante de Quito. “Mucha” es la palabra kichwa para “beso”.

En este tipo de español regional, las órdenes también se suavizan con expresiones propias del kichwa. En lugar de ordenar, por ejemplo, que alguien te pase la sal —diciendo “dame la sal”—, los ecuatorianos de los Andes dirán “dame pasando la sal”. Esto equivaldría más o menos a “¿podrías pasarme la sal?” en español estándar.

“El español colonial llegó con un tono tajante, como los mandamientos: ‘no matarás’”, dijo Marleen Haboud, lingüista y miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. El kichwa toma esa estructura del español, pero le infunde su propio toque de amabilidad y cortesía.

En Quito, es imposible evitar las innumerables conversaciones en esta lengua mestiza.

“Mi abuela tenía unas changotas”, dijo Karen Menéndez, publicista de 34 años, en una cena a la que me habían invitado, en una referencia cariñosa a las piernas bien torneadas de su abuela.

“A mí no me gusta andar a pata llucha”, dijo Bárbara Bravo, politóloga de 32 años, en otra fiesta. “Llucha” significa “desnuda” en kichwa, y la frase completa quiere decir que a Bravo no le gusta caminar descalza.

Diana Barragán, integrante de un colectivo ciclista llamado “Karishinas en bici”.

Un colectivo de ciclistas feminista de Quito se llama “Karishinas en bici”. “Kari” significa “hombre” y “shina” significa “como, semejante”. “Karishina” es una mujer que desafía los roles de género tradicionales. Aunque antes se usaba de forma peyorativa, las ciclistas se han reapropiado del término.

En las empinadas calles de San Roque, un barrio de Quito cerca de una colina conocida como El Panecillo —donde alguna vez se alzó una ciudad inca—, dos niños se abrían paso a toda prisa entre el tráfico. “¡Wawas irki, los van a atropellar!”, oí gritar a una mujer un domingo por la mañana. “Wawas” significa “niños” e “irki” significa “rebeldes”. En español estándar, sería: “¡Niños desobedientes, los van a atropellar!”.

Una familia que visita el monumento de El Panecillo, usando la expresión “achachay” —que en kichwa significa “hace frío”— para describir el tiempo fresco.

Un idioma misterioso, incluso para sus hablantes

Aunque está por todas partes, el kichwa suele resultar desconocido incluso para quienes usan sus palabras. “¿Entonces, ‘muchar’ no es una palabra en español?”, preguntó Doménica Escalante, una gestora de proyectos de 24 años, durante una charla con sus compañeros de trabajo que escuché por casualidad en el ascensor de un edificio de oficinas. “Mucha” significa “beso” en kichwa. En esta mezcla de idiomas, “muchar” significa “besar”.

Gonzalo García-Saardá, un ejecutivo de 41 años de la ciudad costera de Guayaquil, dijo: “Creo que es un tipo de papa”, cuando le pregunté si sabía qué significaba la palabra “chaucha”.

“La verdad, no tengo la más remota idea”, admitió.

“Chaucha”, que viene del kichwa “chawcha” (fréjol o frijol), se convirtió en argot para referirse a las monedas de poco valor a principios del siglo XIX, según Ortiz, el historiador.

Ana Villota, chef, y sus ayudantes preparando pan en su restaurante. Villota usa la expresión “Dame trayendo ese pancito”, una frase con influencia kichwa que se usa habitualmente en el español andino para pedir cortésmente que alguien pase el pan.

Más tarde, el término pasó a referirse a un trabajo independiente, o freelance. “No puedo vernos, me salió una chaucha”, me dijo Vanessa Terán Collantes, una artista visual de 33 años.

García-Saardá no estaba del todo equivocado. Hay una papa llamada “chaucha”, pequeña, redonda, de color marrón claro, y que sí que se parece a un fréjol.

También hay frases características que dejarían perplejo a un profesor de gramática de Madrid o Ciudad de México, como “Se fue a volver” —se fue pero regresará pronto—, una forma de explicar una ausencia breve en las montañas de Ecuador.

Las conjugaciones verbales que los puristas del español considerarían incorrectas son “marcadores de identidad”, dijo Lucía Durán, directora de la Casa del Alabado, un museo de arte precolombino en Quito.

Haboud, la lingüista, añadió: “Nuestro español andino nos permite acercarnos a nuestra propia historia. Nos muestra cómo las lenguas pueden derribar fronteras sociales, culturales y políticas”.

* Reporting from Quito, Ecuador

F/ The NewYorkTimes

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