LA SALLE: UN SIGLO EN LIMA

En estos días, el Colegio La Salle de la ciudad de Lima, celebra nada menos que su primer siglo de existencia, que lo conmemora a lo grande.
Por Antero Flores-Araoz*
Lima /06/05/2026/.-Antes de la fundación del Colegio La Salle en nuestra capital, los hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) habían venido al Perú en 1922 a instancias del entonces arzobispo de Lima monseñor Emilio Lissón, lo que se complementó con la invitación oficial del presidente Manuel Pardo, ya que se requería de la experiencia de los hermanos de La Salle, cuya congregación religiosa fue fundada en Francia por Juan Bautista de La Salle en el año 1689.
Hoy en el Perú existen diversos colegios de La Salle, así como institutos superiores y hasta una universidad en Arequipa, pero el Colegio ya centenario de Lima, se encuentra en el distrito de Breña, en la avenida Arica, en que se edificó su actual sede transformada en colegio mixto. A tal sede se le anexó el canódromo de aquellos años, ahora convertido en el centro deportivo del Colegio, al que se le agregó un coliseo y diversas otras instalaciones.
Quienes hemos sido alumnos de La Salle, y lo decimos con sincero orgullo, recordamos a nuestro colegio con gran afecto. Mi promoción es de 1958, habiendo ingresado al Colegio en 1948, o sea hace 78 abriles y egresado de él hace la friolera de 68 años.
De los profesores que tuvimos, al que más recordamos es a Germán Peinador Martin, cuyo nombre religioso era hermano Alberto Domingo, que fue nuestro tutor en quinto de media, en que nos repetía hasta el agotamiento: “Sean voz de los que no tienen voz” y privadamente me instaba a ser abogado, pues eran los que estaban más cerca a conducir los destinos de sus respetivos países.
Como en casi todas las escuelas y colegios, no es extraño que hubiesen “palomilladas” o “mataperradas”, pero los hermanos de La Salle imponían disciplina, pudiendo relatar que en cuarto de secundaria éramos dos secciones, pero en quinto se redujo a una, pues no se permitió la matrícula de aproximadamente cuarenta alumnos.
En el local de nuestro Colegio, funciona como escuela vespertina la que lleva como nombre Noé Zevallos, que era el hermano Oscar, gran educador, al que los alumnos con reserva se referían a él como el “hermano” Oscar, al no distinguirse como galán de cine.
Cuando estábamos en primaria, el director del Colegio era el hermano Féliz, que al carecer de cabellera, léase calvo, a baja voz lo llamaban el hermano “maraca” y al hermano Agustín, el prefecto de disciplina tenía el apelativo de “Pilatos”, pues cuando desde un gran púlpito en el patio del Colegio, se ocupaba de poner orden, lo hacía frotándose las manos.
Recuerdo que en el invierno se iba a residir a Santa Cruz (Bolivia) y estando en ésa ciudad llamé al Colegio La Salle de tal localidad para verlo y me contestaron que solo podía hacerlo hasta las diez de la mañana del día siguiente. Pregunté si la razón era por su regreso a Lima y la dura respuesta fue porque a esa hora era su sepelio. Aún recuerdo el trance con mucha tristeza.
Con anterioridad al hermano Agustín, el prefecto del Colegio era el hermano Graziano, de origen vasco y con una manaza que aterrorizaba al más “mataperro”, por lo que seguramente fue llevado como director al reformatorio de Maranga, más conocido como “Maranguita”. Igualmente con respeto llevamos en la memoria a otros profesores, pero laicos, como Calvo y Pérez, Ildefonso Paredes, Gómez, Pinto, Malásquez y Guardamino.
Entre los revoltosos del Colegio estaba mi hermano Gerardo, que por alguna travesura y para pagar sus culpas lo hicieron aprender el texto de “La vaquera de la Finojosa”, el que tenía que declamar en todas las aulas del colegio, una por una. Empero, la cosa no quedó allí pues en la ceremonia de clausura del año escolar y en el año 1958 en que mi clase terminaba el Colegio, habían desaparecido las correspondientes medallas de excelencia y de otras motivaciones. ¡Oh sorpresa! cuando le tocó subir al proscenio a la clase de mi hermano, apareció él con todas nuestras medallas. El presidente Manuel Prado, que hacía ostentación de las suyas, era niño de pecho respecto al buen Gerardo.
No hay estudiante que no recuerde a su colegio, en alegrías como en tristezas, en días felices como en los que no lo eran, con gratos y serios recuerdos, como también en las travesuras, pero siempre, tratándose de La Salle, con respeto, orgullo y muchísimo cariño. Aún emociona hasta cantar el himno colegial.
**Reconocido Jurista peruano. Ex Senador, Ex Diputado. Analista político




