El Vaticano: Entre el Fervor y el Turismo de Masas
Escuchamos por la radio que, en una reciente ceremonia protocolar en el Palacio Apostólico, el Papa León XIV recibió las credenciales diplomáticas de diversos representantes internacionales. El hecho nos invitó a la reflexión: el Sumo Pontífice no es solo el líder espiritual de más de 1,400 millones de católicos; es también un jefe de Estado cuyo mandato solo termina con su muerte o renuncia por enfermedad. Un líder global que, a veces sin buscarlo, se convierte en el mayor dinamizador del turismo mundial.
¿Peregrinos o cazadores de ‘likes’?
Casi todos los domingos seguimos la bendición papal. Es conmovedor ver la Plaza de San Pedro colmada por miles de personas, más de 5,000 fieles viviendo la Misa con auténtico fervor en el interior de la basílica. El orden con el que se desplazan los sacerdotes para dar la comunión a la multitud que sigue el rito por pantallas gigantes, es un espectáculo de fe viva, universal y multirracial.
Sin embargo, la frontera entre la devoción y la frivolidad se ha vuelto peligrosamente delgada. ¿Cuántos van allí movidos por el arte sacro, extasiándose ante los frescos en la Capilla Sixtina creados por el extraordinario Miguel Ángel? Contemplando absortos la incomparable y patética escultura de la Pietad (la Virgen María que sostiene a Cristo en su regazo) es la escultura que más nos ha conmovido y hemos derramado algunas lágrimas al tener la dicha de contemplarla.
Hoy, la mística compasiva compite con el exhibicionismo digital. En cuanto el papamóvil asoma, la compostura se disuelve. Los supuestos «peregrinos» ya no rezan: corren desesperados, empujan y dan la espalda al pontífice para lograr un selfie perfecto. Se levantan banderas y se saluda a los drones, no como un acto de comunión, sino como una prueba para redes sociales de que «estuvimos allí». ¿Hasta dónde llega la fe real y dónde empieza el afán narcisista de figurar?
Un Estado nacido entre murallas
Irónicamente, la mayoría de los turistas camina por la Plaza de San Pedro sin saber que la Ciudad del Vaticano es un país «recién nacido». Nació oficialmente el 11 de febrero de 1929 mediante los Pactos de Letrán.
Antes de esa fecha, las tropas de la Italia unificada habían tomado Roma en 1870, dejando a los Papas sin territorio y autoproclamados «prisioneros» tras las murallas de la Iglesia durante 60 años. El tratado con el reino italiano resolvió el conflicto, otorgándole soberanía e independencia total para garantizar que el Papa jamás dependiera de las decisiones de ningún gobierno político.
Hoy, este microestado de apenas 0.44 kilómetros cuadrados —donde cabrían siete vaticanos y medio dentro del Central Park de Nueva York— alberga a solo 800 habitantes fijos. Sin embargo, su peso específico es colosal: atrae a un promedio de 6 a 7 millones de turistas al año.
El «efecto Chavo» y la maquinaria del turismo
Con todo el respeto y admiración que sentimos por el Papa León XIV, es innegable que los líderes religiosos generan corrientes turísticas masivas. No olvidemos que los primeros turistas de la historia fueron los embajadores y los peregrinos, y que los primeros hoteles de la Edad Media fueron los conventos. Desde el Oráculo de Delfos hasta las rutas budistas hacia la India, la fe siempre ha movido viajeros.
Próximamente, el Papa realizará una gira por Latinoamérica que incluirá a su querido Perú, además de Argentina y Uruguay. En nuestro país, la maquinaria turística ya se está activando, especialmente en el norte, en Chiclayo. Aunque aún no se formalizan los paquetes, sabemos que estos destinos rebozarán de visitantes de Chile, Ecuador, Colombia y Brasil.
Es el mercado de la oportunidad.
Como diría el inolvidable «Chavo del Ocho», «sin querer queriendo», la presencia del Papa colocará ante los ojos del mundo al Perú a través de las transmisiones y las redes sociales. Con la humildad que lo caracteriza, León XIV seguro se sentirá feliz de que su visita, además de reavivar la fe, alivie las economías locales de nuestra región.
Más allá del turismo, la geopolítica
Su valor como atractivo turístico es evidente, pero su trascendencia humana y su liderazgo geopolítico son inconmensurables. Bienvenido a esta parte del mundo que tú tan bien conoces, querido Robert.
Esta llegada ocurre en el momento preciso en que la Iglesia católica necesita conectar con la modernidad para mantener a sus fieles. Hoy, los Papas ya no pertenecen solo al altar: son los mayores influenciadores geopolíticos y turísticos del planeta. Cada palabra que pronuncian tiene el poder de mover masas, llenar aviones y reactivar la economía de un país entero de la noche a la mañana.
En sus discursos recientes ante el cuerpo diplomático, el Papa aprovechó para lanzar un mensaje global muy potente en favor del diálogo internacional, la paz en un mundo fragmentado y la necesidad de no medir el éxito de las naciones solo por el dinero, sino por cómo tratan a los marginados. Es, sin duda, un líder que ejerce una influencia geopolítica muy importante.
La historia del Vaticano nos demuestra que la fe y la diplomacia pueden coexistir en el territorio más pequeño del planeta, construyendo puentes en tiempos difíciles.
Elena Tejera
Directora
Master en Turismo y Comunicación





