Pedrea de Pan y Quesillo: lluvia de tradición en el Cristo del Otero en honor de Santo Toribio

La Romería de Santo Toribio de Palencia quiere ser reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional de España
España/18/04/2026.-La Romería de Santo Toribio es la más singular y divertida de Palencia, donde los rezos se entremezclan con la fiesta y como toda buena fiesta castellana, ésta tiene un toque de drama épico. Cuenta la leyenda que Santo Toribio llegó a Palencia en el siglo VI para predicar contra la herejía. Los locales, que en aquel entonces no estaban predispuesto a escuchar, lo apedrearon y lo obligaron a refugiarse en una cueva en el cerro. Poco después, el río Carrión se desbordó inundando la ciudad. Los palentinos, viendo en la riada un castigo divino, subieron al cerro a pedir perdón al santo. Él, lejos de guardar rencor, los recibió con los brazos abiertos. Para conmemorar este «borrón y cuenta nueva», cada año se recrea el bombardeo…Sustituyendo las piedras por algo mucho más sabroso pan de pueblo y quesillo. Participar en la pedrea es un deporte de riesgo moderado y mucha risa.

Se lanzan miles de bolsas que contienen el famoso pan y el quesillo. La gente pone paraguas del revés, bolsas de tela reforzadas y saltos dignos de la NBA.
Los secretos de la “pedrea”
Pero el secreto está en la colocación: ni muy cerca del balcón (donde las bolsas pasan volando), ni muy lejos. Lo que hace amena a esta romería es el contraste. Tiene la parte solemne con la subida en procesión hasta el Cristo y la misa en la ermita excavada en la roca, pero luego estalla la locura colectiva. Es una fiesta donde el Ayuntamiento y la Peña de Santo Toribio se vacían los bolsillos (literalmente) para que nadie se vaya con el estómago vacío.

La fiesta se celebra a los pies de una de las imágenes de Jesús más grandes del planeta (unos 20 metros de altura), obra del genial Victorio Macho.
El marco impresionante: El Cristo del Otero. El escenario es un pilar fundamental. El valor artístico y paisajístico del cerro eleva la romería de una «fiesta de barrio» a un evento de relevancia monumental y estética.
Arraigo y participación masiva. Uno de los requisitos para este título es la antigüedad y la continuidad. La pedrea se celebra desde tiempos inmemoriales, manteniendo viva la esencia del «pan y el quesillo». La movilización es total: miles de palentinos y visitantes de provincias limítrofes llenan el cerro, demostrando que la tradición no solo sobrevive, sino que crece. Frente a las posibles críticas sobre tirar comida, Palencia responde con la tradición del «reparto». Históricamente, este acto era una forma de caridad y ayuda a los más necesitados. Hoy, el entusiasmo del público transforma el acto en un símbolo de abundancia compartida. No se tira comida para que se pudra; se lanza para que se comparta y se consuma allí mismo, en una merienda colectiva gigante sobre la hierba del cerro.
Mucho más que ver
Palencia es una ciudad cómoda, y llena de rincones que sorprenden al que no sabe : Por fuera es sobria, pero por dentro es un museo viviente con obras de El Greco, una cripta visigoda (la de San Antolín) que hace viajar al siglo VII y un espectacular trascoro.
El Cristo del Otero: Además de participar en la romería, hay que aprovechar para entrar en el pequeño museo a sus pies dedicado a su autor, Victorio Macho, quien está enterrado allí mismo. Las vistas de la ciudad son la mejor postal. Calle Mayor: Es una de las calles comerciales más largas de España (casi un kilómetro). Es perfecta para ver los edificios modernistas, como el Palacio de la Diputación, y disfrutar del ambiente. Iglesia de San Miguel: Su torre calada es icónica. Cuenta la leyenda que aquí se casaron el Cid Campeador y Doña Jimena. Y también, El Canal de Castilla: Una obra de ingeniería del siglo XVIII que atraviesa la ciudad. Dar un paseo por sus orillas al atardecer es el plan más relajante que se puede hacer. La Huerta de Guadián es un parque precioso donde se encuentra la Ermita de San Juan Bautista, una joya del románico que fue traída piedra a piedra desde un pueblo que iba a ser inundado por un embalse.
Y entre visita y visita, vale la pena recordar que Palencia es la ciudad de las estatuas curiosas. Mientras se camina, uno se encuentra con «La Gorda» (en la Calle Mayor), el monumento al «Aguaducho» o el «Monumento a los Mayores». Son puntos de encuentro perfectos para los locales y le dan un aire muy humano a la ciudad.
No solo pan y quesillo

El Lechazo Churro: Es el rey absoluto. Asado en horno de leña, con su piel crujiente y carne que se deshace.

Morcilla de Villada: Es famosa por ser de cebolla, muy cremosa y con un toque dulce. Un imprescindible en cualquier fiesta.
El pan y el queso son el alma de la romería, pero Palencia es un «tesoro oculto» que se disfruta con los cinco sentidos (y con buen apetito). Si el pan y el queso han abierto el apetito, hay que prepararse para la artillería pesada de la cocina castellana: Busca un buen asador y prepárate para la gloria con el lechazo churro. Patatas a la Importancia: Un clásico humilde pero espectacular: rodajas de patata rebozadas y cocinadas en un guiso con azafrán y vino blanco.
F/Open Comunicaciones





