¡EL VINO ES POESÍA EMBOTELLADA!

JUMILLA: EL LATIDO DE LA TIERRA EN DOCE COPAS EN MADRID FUSIÓN
Catar vinos de la D.O.P. Jumilla no es solo beber vino; es comulgar con un paisaje de sol implacable, suelos calizos y una resiliencia que se transforma en elegancia
By Ana Belén Toribio
Madrid Fusión no es solo un congreso; es el escenario donde el vino se hace verbo. Este año, bajo la mirada atenta de Gastroystyle, nos sumergimos en el universo de la D.O.P. Jumilla, una tierra de contrastes donde el sol se embotella y la Monastrell reina con la sabiduría de los siglos.
Como decía Robert Louis Stevenson: «El vino es poesía embotellada». Y en esta cata personal, cada sorbo fue un verso dedicado al esfuerzo de una región que ha sabido transformar el rigor del clima en pura elegancia líquida.
En esta selección de 2026, la métrica es perfecta.
El despertar de la luz: vinos blancos
Iniciamos el viaje con el Güertana 2025 blanco. Es el despertar del huerto, un vino que captura el rocío de la mañana. Su juventud es un brindis a la vida, recordándonos que, en palabras de Salvador Dalí, «quien sabe degustar no bebe demasiado vino, sino que degusta secretos». Este blanco es, precisamente, un secreto de flores blancas y cítricos vibrantes.
Le sigue el Pío Chardonnay Barrica 2024. Aquí la madera no oculta, sino que abraza. Es un vino que entiende que el tiempo y la madera son aliados, no enemigos. Es un vino con estructura, donde las notas de vainilla y fruta tropical madura bailan en un equilibrio untuoso. Es la prueba líquida de que el tiempo y el roble son los mejores aliados de la paciencia. Posee esa untuosidad dorada que recuerda a los atardeceres de agosto; es estructura y seda a partes iguales. «Donde no hay vino no hay amor», sentenciaba Eurípides, y en este Chardonnay hay un romance declarado entre la fruta y el roble.
El soneto del rosado y la rebeldía del tinto joven
El Juan Gil rosado 2024 llega como un atardecer de verano. Su color pétalo de rosa es el preludio de una explosión de fresas silvestres. No es un rosado cualquiera; es una caricia de frutos rojos madurados al sol de Murcia, vibrante y con una acidez que limpia el alma y prepara el espíritu para lo que está por venir. Es un vino hedonista, directo, que nos evoca a Hemingway: «El vino es la cosa más civilizada del mundo».
Entramos en el territorio de la Monastrell, la reina absoluta. El Parajes del Valle Monastrell 2024 es pura tipicidad: fruta roja y una frescura que invita al trago largo. Es la expresión más honesta de la uva: pura, directa, sin artificios. Nos habla de suelos calizos y de la resistencia de una vid que se niega a rendirse.
Por su parte, el Güertano 2024 tinto se presenta con la honestidad de la tierra, un vino que sabe a campo y a tradición renovada. Güertano 2024 tinto nos recuerda la tradición. Es un vino que sabe a hogar, a mesa compartida y a la alegría de la vendimia. Un tinto con nervio pero amable, ideal para quienes buscan la autenticidad del terruño.
La profundidad del terruño y la memoria
A medida que avanzamos, el suelo empieza a hablar con voz más grave. Bruma Finca CQ 2024 es un paisaje en sí mismo; mineral, vertical, casi telúrico. Es la elegancia de la altitud embotellada. Aquí la Monastrell se vuelve mística. Hay una profundidad mineral, un eco de monte bajo y tomillo que nos transporta directamente al pie de la cepa. Como decía Salvador Dalí: «Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria».

A su lado, el Gémina Selección Monastrell 2024 nos devuelve a las raíces, con esa madurez negra y especiada que solo Jumilla sabe entregar.
Llegamos a un punto de inflexión con el Paraje de la Cingia Pie Franco 2024. Hablar de «pie franco» es hablar de supervivencia y nobleza. Es un vino que conecta con el centro de la tierra, resistente y sublime, recordándonos que «la edad es solo un número, a menos que seas una botella de vino».
El Gémina Selección Monastrell 2024 y el Paraje de la Cingla Pie Franco 2024 representan la aristocracia del secano. El Pie Franco es, en particular, un milagro de la naturaleza: raíces que profundizan en la historia, ofreciendo una complejidad que solo las cepas viejas pueden otorgar. Es un vino profundo, oscuro y magnético.
La consagración de la madera y el tiempo
El Alceño 12 Cepas Viejas 2022 es un ejercicio de complejidad. Sus doce meses de crianza le han otorgado una pátina de especias y vainilla que envuelve la fruta negra con sofisticación, con taninos de seda y un final eterno.
Pero si buscamos la introspección, el Umbría de la Hoya 2020 nos ofrece la sabiduría de la espera. Es un vino de meditación. Con la paciencia de sus años, ofrece notas de cuero y tabaco, un vino que exige silencio para ser escuchado. Es un vino reposado, donde la fruta compotada y el tabaco se funden en un abrazo cálido. Como decía Platón: «Nada más excelente ni valioso que el vino fue jamás concedido por los dioses al hombre».
El epílogo dulce: el oro de Jumilla
Para finalizar, no podíamos cerrar esta experiencia en Gastroystyle sin el broche de oro de los dulces naturales. Dos joyas que son puro almíbar de sol.
El Silvano García Dulce 2019 es una caricia de higos y pasas, una oda a la Monastrell sobremadurada. Es un postre por sí mismo que reconcilia al hombre con su destino.
Y como cierre magistral, el Olivares Dulce 2020, un vino legendario que se desliza por el paladar como terciopelo líquido. Es un icono que nunca defrauda. Es denso, eterno, con una lágrima que recorre la copa como un suspiro de nostalgia. Galileo Galilei decía que «el vino es la luz del sol, unida por el agua».
En estos dulces de Jumilla, esa luz brilla con una intensidad que se queda grabada en la memoria del paladar. El tiempo se detiene y comprendemos que Jumilla no es solo una región, sino un estado del espíritu.
Jumilla en Madrid Fusión no ha sido solo una cata; ha sido un viaje sensorial por una tierra que ha aprendido a convertir la sed en arte.
F/ Gastroystyle








