De los Campos Elíseos al corazón del Perú: La fe que acorta distancias

Por: Elena Tejera*
Hay ciudades que la literatura y el cine nos pintan con pinceles dorados, pero que al pisarlas nos devuelven una realidad distinta. Estudiar el idioma, impregnarse de su rica civilización y viajar con altas expectativas a París puede transformarse en una extraña desorientación. Nos pasó. Caminar por sus calles y perderse en un laberinto donde nunca parece encontrarse la misma esquina, sumado al trato distante y poco receptivo de sus habitantes, rompe el idilio.
Incluso frente a mitos universales como la Gioconda en el Louvre, uno puede llevarse la irónica impresión de que esa enigmática sonrisa es, en realidad, una sutil burla hacia el mundo entero que se agolpa para contemplarla.
Sin embargo, París siempre guarda un milagro. Para nosotros, ese milagro es nuestra amada Torre Eiffel. No hay fotografía ni pintura capaz de capturar su magnificencia; a la estructura de hierro hay que vivirla, hay que sentirla en persona para comprender su verdadero peso en el espacio.
Y este fin de semana, la mítica «Ciudad Luz» se ha convertido en el escenario de otro acontecimiento conmovedor. A lo largo del eje majestuoso que va desde el histórico Arco del Triunfo y recorre todos los Campos Elíseos, más de 700,000 personas se reunieron en una comunión multitudinaria. El motivo: la misa solemne del Papa León XIV, quien en un perfecto francés y con una paz interior sobrecogedora, conmovió a una Europa sedienta de esperanza.
Ver al Papa —a quien sentimos tan nuestro que nos cayó del cielo, debido a sus profundas raíces americanas y peruanas, habiendo servido con entrega como obispo en Santa Cruz de Succhabamba, Cajamarca— bendiciendo a una marea humana en el corazón de Francia, nos moviliza por completo. Nos hace reflexionar sobre el poder invisible de la fe, capaz de transformar una avenida marcada por la frialdad urbana en un altar de fraternidad y calidez humana.
Esta imponente estampa en París no hace más que encender los motores del alma en nuestro propio suelo. En el Perú ya contamos las semanas, los días, para recibirlo este próximo mes de noviembre. La expectativa en nuestras regiones no es meramente estadística ni se reduce al millonario impacto económico que estiman las autoridades. Lo que realmente se respira en las calles de Lima, Chiclayo, Cajamarca, Cusco y Pucallpa es una profunda ansia espiritual un cariño y gratitud que conmueve.
Esperamos a un Pastor que nos conoce bien, que sabe de nuestras fracturas sociales y de nuestras esperanzas. Si el Papa pudo conmover las losas frías y laicas de los Campos Elíseos, no cabe duda de que su llegada al Perú será un bálsamo de dignidad, unión y fe para un pueblo que lo espera con los brazos abiertos y el corazón en la mano. Las distancias geográficas se acortan cuando el mensaje es universal: no importa cuán desorientados nos sintamos en las calles del mundo, siempre hay una fe compartida que nos devuelve el rumbo.
*Directora
Lectores Internacionales:: Si nos lees desde el extranjero y valoras nuestra trayectoria, puedes respaldar nuestro trabajo con un aporte simbólico haciendo clic aquí: Apoyar vía Pay Pal: paypal.me/Turistamagazine
Si nos lees desde tu propio celular: ¡Es súper fácil! Puedes yapear o plinear directamente ingresando nuestro número de teléfono asociado: [👉 997 193 599






