Turismo peruano al límite: clima, sismos e inseguridad
Vivimos, sin lugar a dudas, una de las épocas más complejas, tristes y peligrosas para la humanidad. Cuando los conflictos geopolíticos, las crisis económicas o la inseguridad no son provocados por la mano del hombre, la naturaleza misma se encarga de recordarnos nuestra profunda fragilidad. Para el sector turismo, una industria que se sostiene exclusivamente sobre los pilares de la seguridad, la capacidad de previsión y la confianza, el panorama actual en el Perú se encuentra bajo una constante y preocupante zozobra que obliga a un análisis riguroso y realista, puesto que no podemos tapar el Sol con un dedo…
El doble frente: Desajuste climático y la sombra geológica
Por un lado, el impacto inmediato del Fenómeno del Niño ya no es una proyección teórica; es una realidad que golpea con un calor espantoso e inestable, desatando incendios forestales en simultáneo que consumen regiones y dejan pérdidas humanas desgarradoras. Este desajuste climático destruye infraestructuras viales y altera drásticamente la experiencia del viajero, amenazando con paralizar la conectividad en plena temporada.
Pero la verdadera espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas es de naturaleza geológica: los informes científicos y los simulacros oficiales nos advierten, de manera persistente, sobre la inminencia de un terremoto devastador de magnitud 8.8 con epicentro en la costa central del país, afectando directamente el centro neurálgico del turismo receptivo y corporativo que es Lima y el Callao.
La reconfiguración de los flujos turísticos globales
Ante este escenario de doble vulnerabilidad, el comportamiento del consumidor turístico internacional está sufriendo una metamorfosis radical. El turista del siglo XXI, altamente informado y respaldado por coberturas de seguros sumamente estrictas, ya no escoge sus destinos únicamente por su riqueza arqueológica o gastronómica; los selecciona evaluando los mapas de riesgo.
La proyección de un cataclismo de gran escala en la capital de la república actúa como un freno psicológico inmediato. El viajero receptivo y las grandes corporaciones transnacionales que organizan congresos y eventos prefieren migrar sus presupuestos hacia destinos que, por lo menos, no carguen con proyecciones de desastres de tal magnitud en sus principales puertas de entrada aeroportuaria.
El grito de la ciencia y la inacción gubernamental
El impacto de estas amenazas golpea directamente a toda la cadena productiva del país: desde las grandes líneas aéreas y cadenas hoteleras de cinco estrellas, restaurantes de 5 tenedores, operadores receptivos, artesanos, guías de turismo y transportistas provinciales que dependen del flujo diario de visitantes. No se trata de tremendismo, sino de exigir planes de contingencia reales, infraestructuras resilientes y una descentralización urgente de la oferta turística hacia zonas de menor vulnerabilidad. En una era de pesadumbre global, la conectividad y el turismo peruano no pueden seguir viviendo ─parafraseando el título de la exitosa novela de Somerset Maugham “Al filo de la navaja”─ es hora de que las autoridades miren de frente a la ciencia y preparen al sector para resistir los embates de un planeta que protesta.
Ya es una constante, la falta de seguridad que afecta directamente al turismo en el mundo, y echa por tierra los mejores planes de promoción turística. Nos preocupa, el inocultable caso de inseguridad que se está viviendo en nuestro país, donde no sólo nos amenazan los fenómenos naturales, sino además la violencia urbana originada por bandas criminales internacionales integradas por extranjeros; que se han instalado —por ineptitud, mano blandengue o intereses creados de los que gobiernan— manteniendo en zozobra la seguridad ciudadana y, por lo tanto, a todo el que nos visite. Y esto no es exclusivo de nuestro país; están actuando en toda América.
No somos una isla: Respuestas globales ante crisis globales
No es nuestra política editorial escribir sobre estos temas; no obstante, no vivimos en una isla. Las noticias de cada país que integra este precioso planeta tierra, se viven en tiempo real y afectan de una u otra forma todos los ámbitos de su desarrollo. No importa cuán cerca o lejos estemos del lugar en conflicto; ya lo comentamos anteriormente, recuerden lo que pasó con el COVID, la invasión de Rusia a Ucrania… y ahora la guerra entre Israel, Irán y EE.UU.
Hace ya unos años, Taleb Rifai, ex secretario general de la OMT, incidió en que la seguridad y la fluidez de los viajes «no están en contradicción». «Nos enfrentamos a un reto global y hay que hacerle frente con respuestas globales», manifestó el ex secretario, quien señaló en ese sentido que cuando algo ocurre en Egipto, Túnez, Bruselas, Francia o Turquía, no es un problema solo de estos países, sino «de todos». ¡Que verdad más grande!
Y esto no solo se aplica al turismo, sino también a nuestras finanzas. Como bien recordamos de nuestro curso de Economía Turística, un célebre axioma económico: «Cuando Estados Unidos estornuda, el Perú se resfría». Una cruda metáfora que retrata la histórica y absoluta dependencia que nuestro mercado tiene frente a las grandes potencias y sus decisiones financieras.
Mirar el futuro del turismo peruano bajo la espada de Damocles exige valentía política, ciencia aplicada y, sobre todo, una profunda capacidad de reacción. Solo construyendo infraestructuras seguras, combatiendo con firmeza la criminalidad y garantizando la estabilidad, podremos lograr que el Perú vuelva a ser el destino confiable, predecible y maravilloso que el mundo merece descubrir.
Elena Tejera
Directora
Master en Turismo Marketing y Comunicación





