El magnetismo de Bayly y el encanto inalterable de Uruguay

Por: Elena Tejera*
Seguir a Jaime Bayly en sus crónicas nocturnas de YouTube se ha convertido en un ritual fascinante. Admiramos profundamente en él esa osadía casi poética para desnudar sus intimidades, sus miedos y sus vicios con una soltura que a la gran mayoría de los mortales nos resultaría sencillamente imposible. Esta semana, su bitácora de viaje nos trasladó a una entrañable y por momentos hilarante experiencia en la 48.ª Feria Internacional del Libro de Montevideo, un evento que no solo revivió su idilio con el público rioplatense, sino que nos dejó grandes lecciones humanas.
Libertad literaria, chocolates y la «banda de los perejiles»
Tras varios años de ausencia, Bayly regresó a la capital uruguaya para presentar su más reciente novela, «Los golpistas». Ante una “Sala Roja” abarrotada por más de 200 personas, el autor reivindicó con orgullo su absoluta independencia literaria, recordando que no pertenece a los grandes conglomerados editoriales. Fiel a su estilo epicúreo y goloso, celebró el cariño de una audiencia mayoritariamente uruguaya y venezolana que lo llenó de obsequios, desde gorritos para el frío hasta sus infaltables chocolates.
Por supuesto, una presentación de Bayly no está exenta de contrastes. El escritor relató con gracia cómo una mujer lo insultó al grito de «¡Facho de m…!» , y describió con su habitual agudeza el cruce que tuvo con «la banda de los perejiles». Así comentó con afecto y compasión estas personas de muy escasos recursos que deambulan por la feria para asearse en los baños, consumir los cafés o sándwiches de cortesía de los eventos y pedir discretas propinas a los autores más populares. Con la caballerosidad que esconde tras su irreverencia, Jaime no dudó en deslizarles unos billetes.
Uruguay: Un oasis de clase media
Más allá de las anécdotas de color, Bayly aprovechó para elogiar el admirable modelo sociopolítico uruguayo. Describió al país como un territorio donde predomina una sólida clase media, con servicios sociales eficientes y una pobreza que dista mucho de los extremos desgarradores que asuelan a otros rincones de nuestra mestiza América Latina.
Escucharlo despierta inevitablemente nuestros propios recuerdos. Hemos tenido la fortuna de visitar ese hermoso país en dos oportunidades y damos fe de esa tranquilidad y calidez que abrazan al llegar. Guardamos memorias imborrables de la sofisticación costera de Punta del Este, de sus atardeceres dorados y del respeto cívico de su gente. Al igual que Jaime, siempre nos quedamos con ganas de volver a Uruguay, un destino que nos demuestra que el progreso, la cultura y la empatía sí pueden caminar de la mano en nuestro continente.
*Directora de Turistamagazine / Imagen/ El Montonero
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