“LA MAGIA DE LO AUTENTICO: EL BALNEARIO DE CERRO AZUL”
Por Dr. Sergio Alejandro Lira Pinedo*
Ciento treinta y un kilómetros al sur de Lima, un grupo de cerros protege del viento y maretazos la pequeña bahía habitada desde hace diez mil años. Sus playas, una de piedra y otra de arena, son perfectas para descansar, tomar sol y correr olas. El peñón del antiguo faro de la marina divide ambas, la de piedra usada desde la prehistoria y hasta los Incas para reverenciar el océano, la otra, de arena, partida por el muelle de madera separando el malecón de bañistas, de la sección de pescadores. Cerca podemos visitar los viejos vagones del ferrocarril hecho por ingleses que descargaba en barcos la cosecha de algodón y azúcar, hasta que la autopista Panamericana hizo fácil llevar los productos a embarcarse en otros puertos, permitiendo que este nuevamente limpia el agua de la caleta.
El cerro que termina en el 'point', lugardonde los tablistas esperan las famosas 'izquierdas', parece azul desde los botes, y tal vez la magia del templo a la Madre del Agua que construyo Pachacutec, el más grande de los Incas, protege aún el balneario de la ansiedad que contagia otras playas que no tienen la calma que viene de una tradición insondable. Lo que no tiene pasado, no tiene tampoco futuro, y de allí su apuro. Cerro es antiguo y sonríe despreciando la prisa. En Cerro no prima la juerga, ni el consumo, su diversión es a otro ritmo, honesto, galante. A pocos kilómetros del desordenado ruido de otras playas, si alguien quiere puede visitarlas, hastiarse de ellas, y volver luego a veranear como es debido, con calma. Tradición y buenas olas. Quienes veranean en Cerro suelen amar lo autentico y la tranquilidad. Quien disfruta de Cerro prefiere dejar la ciudad en la ciudad. Otras playas son pequeñas 'limas' temporales frente al mar. Cerro está vivo todo el año y no pretende ser algo distinto de lo que en realidad es.
Esta playa la eligieron nativos que conocían bien la costa. Bajo el pueblo viejo' están los restos de cien pueblos anteriores. La confederación Warko la hizo fortaleza y el Inca conquistador, levantó tras vencerla el Templo a Cochamama, del que están las ruinas, con escaleras que llegaban al mar, señalando el límite de su territorio con el manto sagrado de la madre de todas las aguas.
Frente al atardecer que podemos ver desde la playa tranquila combatieron luego las carabelas del Virrey de Sotocontra los barcos del pirata holandés Spilberg, dos galeones cargados de tesoros están todavía hundidos enfrente, y toda esa zona, parte de la hacienda Arona, fue un regalo por amistad -que mejor principio- del último de los nobles Landaburu a su mejor amigo, Hipólito Unanue, que se retiraría a vivir allí tras conseguida la Independencia.
Desde el virreinato se levanta serena la 'casa grande' en Cerro Azul, 'tambo' de Arona frente al mar, la casa de playaen uso más antigua del Perú, hoy perteneciente a los descendientes de Unanue, una de las familias García. Cuando la construyeron el país era un rompecabezas de haciendas propiedad de familias peruanas nobles, algo parecido a Europa medieval: en Cañete, alrededor de Arona, propiedad de los Landaburu, caballeros de Calatrava, estaba Montalbán, del Marqués de Nepomuceno, Santa Bárbara, del Marqués de Santa María, La Guaca, del Conde de Vista Florida, y Hualcará, de la Marquesa de Fuente Hermosa. Todos conocían Cerro pues su bahía era el mejor puerto entre Pisco y Callao. Antes del canal de Panamá la ruta navegada entre Londres, Nueva York o Buenos Aires a San Francisco pasaba por esta playa, y esa ruta fue la que hizo conocido el licor llamado 'pisco' que produjeron desde el siglo dieciséis los griegos que llegaron durante la conquista, como Pedro de Candia, e importaron el procedimiento desde el Mediterráneo, donde se invento hace cuatro mil años. Desde esos tiempos la 'casa grande' que vio crecer el poblado alrededor sobre los campos de cultivo permanece serena, vio pasar el virreinato y varias épocas de la república con el ritmo cadencioso y el arrullo de las olas que siempre parecen querer salir de su lugar pero regresando constantemente, como la calma de quienes apreciamos lo verdaderamente bueno.
A ese muelle llegaron los primeros japoneses que emigraron a Perú. Hay felizmente todavía conservadas muchas casas republicanas. Otro edificio histórico usado para verano es el republicano de Aduanas transformado en departamentos frente al malecón. Algunas de las familias del viejo Ancón se refugiaron aquí tras su deterioro y jamás buscaron la insolencia de los nuevos ricos de las playas nuevas, ni la vulgaridad de su desenfreno consumista, sino lo que se busco siempre alrededor de un balneario, cordialidad y paz.
Hay huellas naturales de tantos y del tiempo, y esa es otra característica de este balneario: su honestidad.
Cerro Azul no intenta parecer ni aparentar. Sus calles están abiertas a todos y la gente anda contenta. Quedan pocos balnearios verdaderos en Perú, integrando balneario y poblado, lugar donde se encuentran todos iguales dentro del mar, y por el mar.
Cerro Azul está muy vinculado al mar y también al deporte de la tabla. El muelle es ahora una extensión del malecón, lugar de pesca de cordel y plataforma furtiva para uno que otro tablista que salta desde allí para tomar las olascortas de playa norte (desde la punta del muelle hacia la 'casa grande'). Son famosas las 'izquierdas' de Cerro, mencionadas por los Beach Boys en 'Surfing Safari'. Las mejores son las izquierdas, olas de saló n, pequeñas pero divertidas. Esas se toman en el point cercano al 'águila', peña donde el cerro de la fortaleza Inca y del faro se unen con el mar. La mejor época es de noviembre a marzo, en pleno verano, con crecidas norte o bien oeste. Las crecidas de invierno, de dirección sur, tienen mucha fuerza y estando la playa hacia el noroeste, la ola se pasa y no llega a reventar en el lugar adecuado. Entonces el tumbo pasa por enfrente del muelle y forma una ola que revienta hacia la derecha. Esas son las 'derechas' de cerro azul, con fuerte corriente pero muy divertida. El mismo pico de la derecha revienta hacia la izquierda. Hay dos olas secundarias en Cerro Azul, la fábrica, que es una ola al norte del muelle (al frente de una fábrica abandonada), se corre con el mar chico no se pone bueno nunca pero los 'locales' sí la corren. Y la ola que está en la playa de las ruinas, "chanchona, campanoide y agresiva" con el mar grande. Las mejores condiciones para la izquierda clásica de cerro son: mar de tamaño mediano, dirección oeste o norte, marea baja llenando, el fondo consuficiente arena, y 'late', de preferencia. Después de correr olas hasta que cae lanoche, es tiempo de reunirsecon amigos y comer algo en las mesas alrededor de la plaza o en uno de los restaurantes del malecón, y luego conversar alrededor de un fuego en la playa. En Cerro todo tipo de gente practica algo muy civilizado: la convivencia sin necesidad de muros ni diferenciaciones. Los niños de todo tipo, descendientes de hacendados o de pescadores, caminan sin zapatos por lascalles de tierra del pueblo, juegan el bingo de la plaza, piden fiado en lasbodegas, pasean disfrazados en carretas jaladas por burros durante el carnaval, juntos, son amigos. Veraneantestodos, peruanos todos. Aprenden que un país se construye pasando por alto prejuicios y diferencias, no definiéndose por ellas.
Esperemos que permanezca este balneario como siempre fueron los de la costa del Perú, no comerciales, sin reglas de club ni tranqueras, sin complejos e inseguridades de prosperidad reciente que requiere asumir extrañas poses: libres.
* Abogado - Artista Plástico - Gestor Cultural
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