La Ministra de Cultura del Perú Susana Baca presentó su plan de trabajo en el Congreso de la República, ante la Comisión de Cultura del Legislativo, en el que criticó según los medios de comunicación “las cortísimas faldas que usan las folkloristas de la Región Puno y de la Amazonía peruana puesto que eso estaba desvirtuando el mensaje de la herencia riquísima que tenemos en la danza”. Lo que generó rápidas y discrepantes respuestas de congresistas de dichas regiones, arguyendo que “las vestimentas de la bailarinas están de acuerdo a la Interculturalidad y modernidad”.
Repetiremos a la letra un párrafo de nuestro editorial del Semanario 157.
“Mas, cuál es la “nuance” como dicen los franceses entre la transculturización y la aculturación”.
Resumiendo, la transculturización es un proceso mediante el cual rasgos propios de una cultura son asumidos por otra y en muchos casos asumidos como propios involuntariamente. Generalmente se ha supuesto que la enseñanza o intercambio de rasgos va desde una cultura "más desarrollada" (por ejemplo en cultura tecnológica) a otra "menos desarrollada" y que esto puede ocurrir sin conflicto. Sin embargo, se observa que la mayoría de las transculturaciones son conflictivas, en especial para la cultura "receptora", máxime cuando los rasgos culturales son impuestos. Y la aculturación implica la recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro.
Desde nuestro lego punto de vista a la Sra. Ministra de Cultura no le falta razón, porque la vestimenta para interpretar una danza que trasmite un mensaje de historia, y cultura ancestral, no necesita modernizarse, ya que cambiaría toda la esencia del mensaje telúrico y vivencial de su estirpe o etnia que precisamente quiere dar a conocer a través del baile, y eso es lo que busca el turista que nos visita , ya que cada país tiene su esencia y estilo, porque es evidente que para ver piernas u otras partes de la carnosa anatomía de las bailarinas, se irían al Moulin Rouge en Paris.
Ha sido una constante preocupación para nosotros, las vestimentas de los bailarines y bailarinas, y ya habíamos escrito acerca de ello, puesto que nos llamaba la atención las botas doradas y las mangas llenas de bobos de los llamados “caporales· precisamente en las danzas de Puno.
Y nos remitimos nuevamente a nuestro anterior editorial y nos preguntamos ¿Cuánto bien hace el turismo en las comunidades nativas, ricas en tradiciones orales y vivencias heredadas, pero generalmente comunidades pobres si nos referimos a riqueza material. ¿Es bueno hacerles llegar el desarrollo que implicaría finalmente una aculturación, y “modernización” sin la debida preparación? Y sin la debida identidad cultural porque si nos atenemos a la transculturización y a la “interculturización”, de que identidad estamos hablando.

La Directora
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